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“¿Qué es un autor clásico?
Un autor clásico es un reflejo de nuestra sensibilidad moderna. La paradoja tiene su explicación: un autor clásico no será nada, es decir, no será clásico sino refleja nuestra sensibilidad. Nos vemos en los clásicos a nosotros mismos. Por eso los clásicos evolucionan; evolucionan según cambia y evoluciona la sensibilidad de las generaciones.
 
Azorín.
  El arte del periodista es el de saber contar. El de saber narrar los hechos, y el de explicar las fases, los matices, los pormenores de un problema político o social. Y esa explicación –con su jerarquía de tonos y valores- también es contar, relatar. ¿En qué escuela se aprenderá todo esto?
   
Azorín. ‘‘El espíritu de Grecia‘‘ en ABC, 27 de septiembre de 1905.
  Hay una tierra en España que yo amo sobre todas las tierras. Se halla situada frente a un mar diminuto, estantivo, glorioso; el ambiente es sutil, templado e inervador; una línea de colinas, de un azul grisáceo, se destaca, luminosa, en el horizonte. Hay de cuando en cuando, en este panorama, barrancos rojizos, en cuyo fondo crecen las higueras rotundas, alinean los almendros sus troncos retorcidos sobre los ribazos bermejos; y en los tapiales de los huertos por donde asoman las palmeras, en los recodos de humedad y penumbra, los jazmines exhalan, en los crepúsculos largos, indefinibles, un aroma suave, difuso y penetrante.
   
Azorín. Andando y pensando, 1929 (Proust)
  La obra de Proust nos ofrece una profunda, intensa, sensación del tiempo. Con el pormenor minucioso, fino, auténtico, significativo, el tiempo va siendo aprisionado, engarzado, y el lector, en un momento dado, se encuentra con la abrumadora sensación de haber visto, palpado, sentido, correr los minutos, las horas, los días, los meses, los años. Contrariamente a la idea vulgar, el pormenor, no el rasgo genérico, es lo que produce, con eficiencia, la sensación de tiempo.
   
Azorín. Antonio Azorín, 1903 (Gavarni)
  Hay en toda ella, en sus gestos, en su andar, en sus arreos, un aire de esas figuras que dibujaba Gavarni, tan simples, tan elegantes, tan simpáticas, con la cabeza inclinada, con el pelo en tirabuzones, con las manos finas y agudas, cruzadas sobre la falda, que cae en tres grandes alforzas sobre los pies buidos.
   
Azorín. Azorín Clásicos y Modernos, 1913
  A un escritor nunca puede juzgársele definitivamente, la prueba de la fecundidad y trascendencia de un artista está en esta perpetua interpretación de su obra a través del tiempo.
   
 
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